martes, 29 de diciembre de 2009

Perdición.


Cuando me acerqué a ella ya sentí aquel escalofrío penetrante… su piel cálida se estremecía entre mis dedos fríos. Sus curvas me hicieron perder el control, su cintura hablaba en otro idioma que inspiraba a eterno al rozarla, su espalda fue mi perdición; suave y tersa, era algo tan maravilloso que era casi imposible evitar la sonrisa de placer.
Cuando llegué a sus muslos respire hondo controlando mis impulsos de hacerla mía, unos muslos perfectos que inspiraban a la perfección mientras se movía cerca de mí. Mis manos alcanzaron su trasero, estratégicamente perfecto, tan irresistible como una fresa y fresco como una brisa de primavera, estaba buscando alguien a quien pertenecer.
En efecto, toda ella era la perdición de cualquier hombre, sensual por su mirada y sus carnosos labios y por su soñado cuerpo creado por el demonio.
Yo caí en sus maravillosas redes… hundiéndome en mi propia perdición sin salida, pero sé que hice lo correcto, porque ángel como ella no se encuentra todos los días…

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