miércoles, 30 de diciembre de 2009

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Desde aquel día en que te perdí yo vivía en una desesperación… cuando no tiene nada sentido, pero yo sigo queriendo que vuelvas. ¡Vuelve! Te necesito más que nunca…
Una tarde me llamaste y me dijiste que todo esto era una simple mentira, que te estabas mintiendo a ti misma y que me necesitabas como el aire, que no podías vivir sin mí y que me querías como nunca habías querido a nadie.
Apenas escuche esas palabras suaves y delicadas mi rostro se iluminó y una sonrisa apareció de repente haciéndome el hombre más feliz del mundo.

En esa tarde yo, te juré amor eterno, dándote todo y más, al igual que tú, me dedicas esa encantadora sonrisa.

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